viernes, 21 de enero de 2011

Cuando tu aliento me tocó

Me gusta la carne que se esconde debajo de tus uñas. Extraño los temblores de mi espalda cuando tus pies la tocaban. Pero lo que no puedo olvidar, David, es ese día en el que tu aliento, desesperado por tocar hasta la última fibra de mis músculos, se desbordó de tu boca y me atravesó los párpados, el iris, la retina, las neuronas... y salió por detrás de mi cuello, rompiendome todas las vértebras, volando como un águila feroz. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario