martes, 25 de enero de 2011

Piel blanda

Espera... Alfredo, deja que el centro de mi espalda se trague todas las maldiciones que se callaron tu boca, las que me quedaste debiendo anoche. Deja que mis pulmones se consuman cada uno de tus golpes que ablandaron mi carne.  Por favor, haz que el desamor que sembraste en cada pliegue de mi cuerpo rompa todos mis huesos, porque juro que si quedo en pie, seré yo quien haga polvo los tuyos con estas manos que ahora se están olvidando de tu nombre.

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