Si fueses mujer tus besos sabrían como la piel de los duraznos, pero no lo eres y saben a naranja con canela. Tus manos no son delicadas y me tocan con firmeza y rudeza, como tocaron las manos de Miguel Ángel el trozo de mármol que luego conviertieron en El David.
Tu silencio, como el de muchos hombres, es más pesado y cruel. Si fueses mujer mi pecho apenas cabría en tu espalda, pero contigo casi todo mi cuerpo podría perderse en ese ancho paraíso de piel, uno en donde puedes sentirme, pero sobre el que no puedes verme. Si fueses mujer, yo sería mujer... y ambos, aún desde el otro sexo, seguiríamos delitando nuestros paladares con el amor que no osa decir su nombre, como decía el escritor irlandés, también homosexual, Oscar Wilde.
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