martes, 20 de enero de 2015

Juguemos sucio

Complazcamos de la manera más egoísta este deseo inconcluso. Tomemos cada espalda y hagamos solo una, cada muslo, cada mano. Cerremos de una vez por todas este negocio de intereses carnales que nos está cobrando la vida. Juguemos sucio y hagámosle trampa a la naturaleza, juntándonos como si este amor fuera la norma del mundo.

martes, 26 de julio de 2011

Abandonar el cuerpo

Cuando descubrió que en la carne de los muchachos había algo más que acero afilado, cuando vio en las manos masculinas la protección, el anhelo de la posesión eterna, fue demasiado tarde, su cuerpo ya no le pertenecía.

martes, 25 de enero de 2011

La paradoja del laberinto

No quiero conocer tu historia, ni cómo llegaste a este puerto. Necesito que el presente hable más fuerte que tu pasado para poder creer que este encuentro es algo verdadero. No quiero saber cómo es que ahora quieres que un hombre te ame. Sólo pretendo que me expliques cómo es que, mientras tú disfrutas entrando a este imperio del amor platónico prohíbido, yo muero lentamente buscando la salida.

Piel blanda

Espera... Alfredo, deja que el centro de mi espalda se trague todas las maldiciones que se callaron tu boca, las que me quedaste debiendo anoche. Deja que mis pulmones se consuman cada uno de tus golpes que ablandaron mi carne.  Por favor, haz que el desamor que sembraste en cada pliegue de mi cuerpo rompa todos mis huesos, porque juro que si quedo en pie, seré yo quien haga polvo los tuyos con estas manos que ahora se están olvidando de tu nombre.

sábado, 22 de enero de 2011

Yo sería otro

Si fueses mujer tus besos sabrían como la piel de los duraznos, pero no lo eres y saben a naranja con canela. Tus manos no son delicadas y me tocan con firmeza y rudeza, como tocaron las manos de Miguel Ángel el trozo de mármol que luego conviertieron en El David. 
Tu silencio, como el de muchos hombres, es más pesado y cruel. Si fueses mujer mi pecho apenas cabría en tu espalda, pero contigo casi todo mi cuerpo podría perderse en ese ancho paraíso de piel, uno en donde puedes sentirme, pero sobre el que no puedes verme. Si fueses mujer, yo sería mujer... y ambos, aún desde el otro sexo, seguiríamos delitando nuestros paladares con el amor que no osa decir su nombre, como decía el escritor irlandés, también homosexual, Oscar Wilde. 

viernes, 21 de enero de 2011

Detrás de tus labios

La perversa y deliciosa casualidad me hizo descubrir que detrás de tu boca no sólo se esconden besos. Ahora no quiero salir y descrubir que estar aquí adentro, detrás de tus labios, es una adicción. Una enfermedad de dos hombres que con su exceso de placer, irrespetan la pasión rutinaria de la mayoría.

Cuando me respondas

Me pregunto cuántos cuerpos de hombres como el mío caben en la cuenca de tu mano... quiero que me digas, Alberto, en qué parte de tu boca puedo encontrar de nuevo la tranquilidad ¿En dónde escondes la paz que me robaste? ¿Con quiénes apostaste mi pecho? ¿A quién le reclamo la deuda de esta pasión trasnochada? Dime, quién me va a responder estas preguntas cuando yo, con mi lengua, borre tu existencia.

Cuando tu aliento me tocó

Me gusta la carne que se esconde debajo de tus uñas. Extraño los temblores de mi espalda cuando tus pies la tocaban. Pero lo que no puedo olvidar, David, es ese día en el que tu aliento, desesperado por tocar hasta la última fibra de mis músculos, se desbordó de tu boca y me atravesó los párpados, el iris, la retina, las neuronas... y salió por detrás de mi cuello, rompiendome todas las vértebras, volando como un águila feroz. 

viernes, 24 de diciembre de 2010

Juego sucio

Ahora vienes tú con tu sonrisa, con esos labios asesinos, con esas manos criminales. Dueño de algo que quiero que sea mío, decidiste apostar conmigo a los besos en silencio y a las miradas que gritan. Creo que vamos perdiendo, que el azar no está del lado de nuestras lenguas, ni de nuestras jugadas prohíbidas, porque a diferencia de las reglas de ese amor utópico que parece al que apuesta la mayoría, nuestro romance, carnal, llano, hecho de pura tierra y huesos, es minoría. Vamos perdiendo, Luis, pero si depende de mí, apostaré hasta mi último centímetro de piel a esta tierna y ladrona jugada.

martes, 21 de diciembre de 2010

Deliciosa clandestinidad

No me importa ser el otro, porque cuando estoy contigo tengo lo mejor de ti, mientras que él saca de ti sólo el saludo desgastado, el beso repetido, la mano aburrida de la misma piel. En cambio, cuando tú y yo estamos juntos, yo agarro lo más novedoso de tu piel, la última moda de tus besos, la mejor tecnología de tus caricias que ya van por quinta generación, mientras él, fiel y buen hombre, sólo tiene de ti las de primera generación. La cama de ustedes dos se quedó atrapada en el tiempo, ahogada en el silencio, en cambio, cuando tú y yo estamos juntos, nuestras almohadas viajan al futuro y nuestras sábanas vuelan. Conmigo tu saliva sabe a miel, a canela, a pimienta; con él, tu saliva sólo es un fluído espeso y monótono. De verdad, no le doy importancia al tiempo que le dedicas a él, porque con todas esas horas aburridas sé que sólo intentas agradecerle los años que te atendió, pero conmigo, los escasos minutos no son el pago de una deuda, sino una inversión de ambos, un tiempo para consentir nuestras avaricias individuales a través de una piel que ya tiene dueño. Somos dos hombres afortunados. A pesar de lo que digan, sé que no te tengo a medias y le doy gracias a él por conocerte antes y haber llenado de vicios cada pliegue de tu piel; ahora soy yo, quien en la más deliciosa clandestinidad, corrompo mi lengua con ellos, con esos infortunios que otro desbordó en ti. Gracias a los dioses del Olimpo, a todos los eros que se han inventado, porque en el desencuentro con él yo he sido, y seguramente seré, tu mayor logro.

domingo, 19 de diciembre de 2010

LOS MUCHACHOS QUE SE AMAN

Los muchachos que se aman están descalzos. Andan por ahí queriendo besar cada esquina de concreto, tocando cada espacio, espantando cada fiebre. Levantan la mano y hacen gestos para darse a entender, porque han hecho un voto de silencio, incluso, ni ellos mismos conocen su voz. Los muchachos que se aman se equivocan mucho, demasiado, diría yo, siempre están desconcertados, pero disfrutan de la incertidumbre de saberse anónimos. Los muchachos que se aman bailan con más pasión que muchos mortales, pero ellos -los hombres que se poseen- dicen que sufren más, que el amor les duele más hondo, como una raíz que llega hasta las víceras, como hojillas que se meten entre la piel y las uñas. Pobres muchachos que aman, tan campantes, tan entregados, y a la vez tan solos.